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.La única forma de salir es bajar por la escalera, y si aparecen más de esas cosas vamos a tenerlo muy jodido para pasar a través de ellos si necesitamos salir, ¿o no?Tenía razón.Donna no se molestó en dársela, pero tenía que admitir que estaba en lo cierto.La opción más fácil seguía siendo permanecer escondidos en la oficina, pero sabía que de acuerdo con su anterior línea de reflexión, era muy posible que cada vez más cuerpos pudieran subir por las escaleras hasta que les resultara imposible atravesarlos y salir.Las alternativas empezaban a tener un aspecto cada vez más negro: correr el riesgo ahí arriba con los no vivos agolpándose o quedarse sentada y esperar a que desaparecieran, acompañada de este hombre que más bien parecía un ratón que no dejaba de lloriquear.No tardó mucho en tomar una decisión.—Tienes razón —le dijo—, deberíamos hacerlo.Saldremos de aquí e intentaremos encontrar un lugar más seguro, si es que existe alguno, claro.La expresión de Paul cambió de inmediato.Parecía aterrorizado.Aunque había sido él quien había sugerido que se debían ir, quedaba claro que no había pensado en todo lo que implicaba.—Pero ¿ahora? —tartamudeó nervioso—.¿Cómo vamos a pasar por su lado? No sabemos cuántos son y.—Los distraeremos —le interrumpió Donna—.Hay puertas a ambos lados del descansillo, ¿recuerdas? Los atraeremos hacia un extremo de la oficina y después nos iremos por el otro lado.—De acuerdo —accedió Paul, aunque seguía muy poco convencido—, ¿adónde iremos cuando estemos fuera?—No lo sé.Por lo que he visto, tenemos a nuestra disposición casi toda la ciudad, quizás incluso el campo.—Podemos encontrar un coche e irnos.Donna negó con la cabeza.—Eso puede que no sea una buena idea.Si esas cosas de ahí fuera reaccionan ante el ruido, lo que haremos será llamar aún más su atención.Lo que necesitamos es encontrar algún lugar seguro, como este sitio, pero con más de una salida.—Debe de haber miles de lugares así por los alrededores.¡Por el amor de Dios, esto es el centro de la ciudad!—Para empezar, tenemos la principal comisaría de policía a la vuelta de la esquina.Después está el hospital, la universidad, las tiendas, los bares.—Necesitamos un sitio en el que podamos encontrar comida y bebida.—Dios, podría matar por un trago.—¿Y una cama? ¿Qué tal si encontramos un sitio con camas de verdad? Maldita sea, una casa con unas dimensiones decentes sería suficiente, ¿no te parece?—No hay demasiadas casas por los alrededores —respondió Donna, que se empezaba a sentir ligeramente más positiva sobre su situación—, pero tienes razón, cuando estemos preparados nos podemos encaminar hacia los suburbios, quizás incluso más lejos.Paul se paró a pensar de nuevo.—Hay algo que no estamos tomando en consideración.—¿Qué es?—Los cuerpos.Ambos vimos lo que intentó hacerte uno de ellos.Vamos a ser patitos de feria en cuanto salgamos.—No parece que se estén atacando los unos a los otros, ¿no te parece?—¿Cómo van a saber que no somos como ellos si actuamos como los muertos? Somos más fuertes y tenemos un aspecto bastante mejor que el suyo, pero después de todo lo que les está ocurriendo, ¿realmente serán capaces de valorar la diferencia?—No estoy seguro.¿Nos podemos permitir correr ese riesgo?—¿Podemos permitirnos no correrlo? Tienes razón, Paul, podemos terminar atrapados si no hacemos algo.Es posible que dentro de unas pocas horas haya aquí miles de esas cosas, incluso que ya haya esa cantidad ahí fuera.No tenemos demasiadas alternativas.—Entonces, ¿cuándo? ¿Ahora?—Esta noche.—¿Por qué esperar?—Si nos basamos en el hecho de que sus sentidos son pobres, entonces debemos esperar hasta que caiga la noche.Si no nos pueden ver bien a plena luz del día, ¿qué posibilidades tienen de hacerlo en la oscuridad?13Para cuando la ciudad estuvo de nuevo envuelta en la oscuridad, Donna y Paul habían decidido lo que iban a hacer.Planearon distraer a los cuerpos en el descansillo como habían acordado y después intentarían escapar.Esperaban que su fuerza y coordinación les diera ventaja suficiente para pasar a través de la muchedumbre ante las puertas de la oficina.A medida que transcurría la tarde y se acercaba el atardecer, su sencillo plan fue ganando lentamente en intención y dirección, pero sabían que debían actuar con rapidez
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