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.En una palabra, el poeta no está atado a ningún tiempo.FAUSTOBien, que tampoco a ella le imponga sus ligaduras el tiempo.Cuando Aquiles la encontró en Feres estaba fuera de todo tiempo.¡Qué rara dicha es haber obtenido el amor contra el destino! ¿No podría yo, anhelante energía, darle vida a esa forma única, esa criatura eterna, del mismo origen que los dioses, tan grande como tierna, tan majestuosa como amable? Tú la viste hace mucho, yo la he visto hoy, tan bella como atractiva, tan anhelada como bella.Ella ha hecho fuertemente presa de mi pensamiento y mi ser.No puedo vivir, si es que no puedo obtenerla.QUIRÓNEstimado extranjero, como hombre, estás fascinado, pero entre los espíritus das la impresión de tener trastornada la cabeza.Por fortuna, todo parece coincidir para ponerse a tu favor; pues todos los años, sólo durante un breve tiempo, acostumbro a ir a casa de Manto, hija de Esculapio.En silenciosa oración, ella implora a su padre para que, a fin de encontrar su gloria, ilumine por fin la razón de los médicos y los aparte del homicidio temerario.De todas las sibilas ella es la que más aprecio; no se mueve grotescamente, es discreta y benefactora.Si te quedas aquí algún tiempo, ella te curará valiéndose de las propiedades de las raíces.FAUSTONo quiero ser curado.Mi espíritu es poderoso.Si me curaran sería tan vulgar como los demás.QUIRÓNNo desaproveches la curación que procede de tan rico manantial.Apéate ya.Hemos llegado.FAUSTODime, ¿a qué lugar de tierra firme me has traído en medio de la tétrica noche y a través de orillas arenosas?QUIRÓNAquí, con el Peneo a la derecha y el Olimpo a la izquierda, Roma y Grecia pugnaron por el vastísimo reino que se pierde ante la vista.El rey huye, el ciudadano triunfa.Levanta la vista.Aquí cerca e iluminado por la claridad de la luna, se muestra imponente el templo eterno.MANTO (Dentro del templo, soñando.)Cascos de caballo resuenan en el suelo sagrado.Parecen acercarse aquí unos semidioses.QUIRÓNJustamente, ¡abre los ojos!MANTO (Despertando.)¡Bienvenido! Ya veo que no faltas a tu cita.QUIRÓN¿Sigue aún en pie el templo que te sirve de morada?MANTO¿Continúa tu infatigable vagabundeo?QUIRÓN¿Sigues viviendo en el reposo mientras yo gusto de dar vueltas por ahí?MANTOYo persisto en mi posición.El tiempo va dando vueltas alrededor de mí.¿Y ese quién es?QUIRÓNLa malhadada noche, en su torbellino, le ha traído aquí.Piensa locamente en Helena, a Helena quiere conquistar y no sabe cómo ni por dónde empezar.Está mucho más necesitado que otros de una cura de Esculapio.MANTOAmo al que desea lo imposible.(QUIRÓN se ha marchado ya.) Entra, temerario, debes alegrarte.Esta oscura senda lleva a la mansión de Perséfone.En la hueca base del Olimpo, está atenta esperando la visita prohibida.Aquí en otro tiempo introduje a Orfeo.¡Aprovéchalo más! ¡Adelante! Con valor.(Los dos descienden.)Este documento ha sido descargado dehttp://www.escolar.comEN EL ALTO PENEOSIRENAS¡Lanzaos a la corriente del Peneo! Es muy agradable nadar chapoteando en sus aguas y entonar canción tras canción para el bien del desgraciado pueblo.No hay salvación sin el agua.Vayamos formando un espléndido ejército con rapidez hacia el mar Egeo y allí tendremos todos los placeres.(Tiembla la tierra.)Vuelve otra vez la ola con toda su espuma, ya no fluye bajando por la pendiente de su lecho.El fondo del río se remueve, el agua hace empuje, la masa de arena y la playa se agrietan humeantes.¡Huyamos!¡Vamos todas juntas, vamos! Lo extraordinario no le aprovecha a nadie.Id, visitantes nobles y alegres, a las alegres fiestas marinas, id refulgentes a ver cómo las olas temblorosas al romperse en la orilla se hinchan ligeramente.Allí donde luce la luna con redoblado brillo y nos refresca con su sagrado rocío.Allí hay una vida que se mueve con toda libertad, aquí hay un angustioso terremoto.Huyan todos los que sean prudentes.El horror reina en este lugar.SEÍSMOS (Rugiendo y haciendo ruido.)Empujemos con fuerza una vez más; elevemos los hombros.Así llegaremos a lo alto, donde todo ha de sucumbir ante nosotros.ESFINGESQué temblor más repulsivo, qué horrible y aborrecible tormenta.Qué estremecimiento, qué oscilación, qué bamboleo nos lleva de acá para allá.¡Qué fastidio más insufrible! Sin embargo, no nos cambiaríamos de sitio aunque se desatara toda la fuerza del infierno.Ahora se eleva una bóveda maravillosa.Es él mismo, ese viejo hace mucho tiempo encanecido que hizo surgir la isla de Delos de las olas del mar por el amor de una mujer parturienta.Con esfuerzos, apretones y haciendo firmemente empuje con los brazos rígidos y la espalda encorvada, semejante a un Atlas en sus movimientos, elevó el suelo, la hierba, la arcilla, los terrenos pantanosos y los terrones, la arena y el barro, los lechos que reposan en nuestra orilla [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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