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.Aun tardaron un rato.Por fin, uno de los jinetes observó la casa, con su pintura desconchada y susescaleras delanteras medio podridas, escupió un poco de jugo de tabaco de mascar y se volvió haciaSour Billy. ¿Es ésta la plantación Julian? preguntó.Era un hombretón de rostro enrojecido y una verrugaen la nariz, vestido con pieles apestosas y un sombrero gacho de fieltro. Así es  contestó Sour Billy.Sin embargo, no miraba al jinete ni a su acompañante, un jovendelgado de mejillas sonrosadas que probablemente era hijo del que había hablado.Se levantó y,acercándose a los dos negros encadenados de aspecto macilento, pobre y miserable, Sour Billysonrió. Vaya dijo al fin , si son Lily y Sam.Nunca pensé volver a veros por aquí.Debe hacer ya dosaños que os escapasteis.El señor Julian se pondrá muy contento de veros otra vez.Sam, un negrazo corpulento, alzó la cabeza y miró a Sour Billy, pero en sus ojos no hubo el másligero asomo de desafío; sólo temor. Venimos con ellos desde Arkansas, mi hijo y yo dijo el hombre del rostro enrojecido.Primero dijeron que eran negros emancipados, pero no me engañaron ni un segundo, no señor.Sour Billy miró a los cazadores de esclavos y asintió. Continúa. Nos dieron un trabajo terrible, esos dos.Perdimos mucho tiempo en conseguir que nos dijerande donde procedían.Los azotamos convenientemente y utilizamos algunos trucos más que nosotros43 sabemos.Habitualmente, basta asustar un poco a los negros y en seguida aflojan, pero con estos no fueasí añadió, escupiendo.Bueno, pues al fin se lo sacamos.Enséñaselo, Jim.El muchacho desmontó, se acercó a la mujer y levantó su mano derecha.Le faltaban tres dedos.Uno de los muñones todavía estaba envuelto en una venda. Empezamos con la mano derecha porque advertimos que era zurda añadió el hombre.Noqueríamos lisiarla demasiado, ¿comprende?, pero no encontramos nada sobre ellos en los periódicos, nihabía carteles de busca y captura, así que. se encogió de hombros.Al llegar al tercer dedo, comove usted, el hombre nos lo dijo al fin.Y la mujer le soltó una maldición terrible por ello  añadiógruñendo.Sea como sea, aquí los tiene.Dos esclavos como estos bien merecen que nos den algunarecompensa por cazarlos.¿Está en casa el señor Julian? No  respondió Sour Billy, observando el sol.Faltaban aún dos horas para el mediodía. Bien dijo el jinete , usted debe ser el capataz, ¿verdad? ¿Ese al que llaman Sour Billy? En efecto  respondió el aludido.¿Sam y Lily os han hablado de mí?El cazador de esclavos se rió otra vez. Vaya si hablaron de todos ustedes cuando por fin nos dijeron de dónde procedían.No hanparado de hablar en todo el viaje.Un par de veces les hemos hecho callar, yo y mi hijo, pero deinmediato se ponían a decir una estupidez tras otra.Cosas raras, ¿sabe?Sour Billy contempló a los fugados con ojos fríos, cargados de malicia, pero ninguno de losesclavos se atrevió levantar su mirada hacia él. Quizá pueda usted hacerse cargo de los dos negros y darnos la recompensa; así podríamos irnosahora dijo el hombre. No  dijo Sour Billy Tipton.Tendréis que esperar.El señor Julian querrá daros las graciaspersonalmente.No tardará.Regresará cuando oscurezca. Cuando oscurezca, ¿eh? dijo el hombre, al tiempo que intercambiaba una mirada con suhijo.Es curioso, señor Sour Billy, pero esos negros dijeron que nos diría precisamente eso.Cuentanhistorias de lo que sucede aquí cuando oscurece.Mi hijo y yo tomaremos el dinero y nos iremos ya, sino le importa. Le importará al señor Julian respondió Sour Billy.Y tampoco puedo daros el dinero.¿Vaisa creer en los estúpidos cuentos de un par de negros?El hombre frunció el ceño, sin dejar de mascar tabaco un instante. Es cierto que los negros cuentan muchas mentiras dijo al fin , pero conozco algunos quedicen la verdad de vez en cuando.Bueno, señor Sour Billy, lo que haremos será esperar, como usteddice, a que regrese ese señor Julian.Pero no crea que nos dejaremos engañar  llevaba una pistola alcinto y la mostró.Mantendré aquí a mi amiga mientras espero; mi hijo lleva otra igual, y los dossomos expertos con el cuchillo, ¿comprende? Esos negros nos han hablado de ese cuchillito suyo que44 esconde en la espalda, así que no eche atrás el brazo, para rascarse o algo así, o a nosotros nos picarántambién los dedos.Aguardemos, y portémonos como amigos.Sour Billy volvió los ojos al cazador de esclavos y le dedicó una mirada fría, pero el hombretón erademasiado estúpido para captarla. Esperaremos dentro dijo Sour Billy, manteniendo las manos bien lejos de la espalda. Muy bien contestó el cazador de esclavos, y desmontó.Por cierto, me llamo TomJohnston, y ése es mi chico, Jim. El señor Julian se sentirá complacido de conoceros  dijo Sour Billy.Atad los caballos ytraed dentro a los negros.Cuidado con los escalones, están podridos en algunos sitios.La mujer empezó a lloriquear camino de la casa, pero Jim Johnston le dio un preciso bofetón en laboca y la mujer guardó de nuevo silencio.Sour Billy les condujo a la biblioteca, y descorrió las pesadas cortinas para dejar entrar un poco deluz en la sala sombría y polvorienta.Los esclavos se sentaron en el suelo, mientras que los doscazadores se estiraron en unos grandes sillones de cuero. Vaya dijo Tom Johnston , qué sitio tan estupendo. Todo está roto y sucio, papá dijo el más joven.Tal como dijeron esos negros que estaría. Bien, bien  intervino Sour Billy, mirando a los dos negros.Bien, bien.Al señor Julian no leva a gustar que andéis por ahí contando cosas de la casa.Os habéis ganado una buena azotaina.Sam, el enorme negro, reunió el valor necesario para alzar la cabeza y responder: No tengo miedo de los azotes.Sour Billy sonrió ligeramente [ Pobierz caÅ‚ość w formacie PDF ]

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