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.-¿Qué evidencia? -bufó-.Si te refieres a que has encontrado a Roland aquíconmigo, deberías preguntar antes de sacar conclusiones.Si hubierasaparecido unos minutos antes, habrías encontrado a sus padres aquí también.Precisamente ha venido para llevarse a su madre, porque creía que meimpedía dormir.No me impedía dormir, pero estaba aquí.Confío en quetengas el juicio de verificarlo antes de utilizar la espada, Wulfric.-Mili, ¿por qué le provocas deliberadamente? -terció finalmente Roland.-No lo hago.-Es exactamente lo que estabas haciendo -insistió el joven.Y añadió,dirigiéndose a Wulfric:-Milord, lo que dice es verdad.Incluso en el caso de que no estuvieraprometida a vos, y lo está, no podría casarme con ella.Sería como casarmecon mi hermana y eso, estaréis de acuerdo conmigo, no es muy deseable quedigamos.Roland estaba intentando aligerar la tensión.Pero con Wulfric no funcionó,porque su expresión no cambió en absoluto.Sus ojos azul profundo ardieroncon un fulgor más intenso cuando la miró a ella.-¿Significa que me mentiste cuando decías que le amabas?Tal vez a Milisant no le apetecía hablar precisamente de eso pero, como élsacó el tema, se vio forzada a admitirlo.-No estaba enamorada de él cuando te lo dije, no, aunque por entoncespensaba que podía estarlo.Siempre había creído que podía amarle.Sólo quenunca me detuve a pensarlo lo suficiente para comprender que ya le amaba,aunque de una manera incompatible con el matrimonio.Ninguno de los dossiente el menor deseo, hacia el otro.¿Quieres que te lo diga más claro?-Lo has hecho otra vez, Mili -se quejó Roland, casi reprobándola.-¿El qué? -exclamó ella exasperada.-Provocarle.Con la explicación hubiera bastado.No tenías por quémachacárselo.-Vete a la cama, Roland.No estás ayudando en nada.-Quisiera hacerlo, pero no puedo -suspiró Roland, como , si irse a la cama en ese momento fuera para él la máxima felicidad.Entonces ella comprendió que temía dejarla sola con Wulfric.Ella tambiénprefería que no la dejara a solas con él, aunque en ese momento temía máspor Roland que por ella, dado que Wulfric aún no había envainado su espada.A Wulfric debió ocurrírsele lo mismo, o tal vez pensó que Roland no se fiabade pasar junto a él yendo desarmado, porque entonces sí envainó su espadaantes de decir:-En el fondo, estoy contento de no haberte matado, por el bien de tu padre.Haz lo que ella te ha dicho.-y como parecía que Roland dudaba en moverse,añadió-: Ha sido mía desde el día en que la hicieron mi prometida.No osespensar siquiera que puedes interferir en lo que es mío.Se miraron por un tenso instante que pareció eterno.Finalmente Rolandasintió y se fue.Milisant sabía que su amigo no se habría marchado si creyera que Wulfricpodía hacerle daño.Le hubiera gustado poder estar tan segura como él.Perono lo estaba.Sintió un impulso desesperado de pedirle que volviera, porquede pronto se puso muy nerviosa.El nerviosismo creció como la espumacuando Wulfric cerró la puerta detrás de Roland y la atrancó con la barra dehierro.-¿Qué haces? -le preguntó con voz ronca y notando que el poco color que lehabía vuelto a la tez desaparecía de nuevo.Él no contestó.Se dirigió hacia ella y se detuvo junto a su cama.La miródesde arriba.-Podríamos hablar de esto mañana.-sugirió ella, pero él la cortóbruscamente.-No hay nada de que hablar -espetó y, cuando ella fue a levantarse de lacama-: ¡Quédate quieta ahí!Milisant sintió auténtico pánico.La expresión de Wulfric no había cambiado.Seguía pareciendo muy enfadado.Ella no estaba segura de qué pensabahacerle.Aunque lo tuvo clarísimo cuando él empezó a quitarse lentamente lacapa sin dejar de mirarla.-No lo hagas, Wulfric.Él se limitó a preguntarle:-¿De verdad creías que podrías casarte con Roland Fitz Hugh y que él viviríapara disfrutarlo?-Si mi padre hubiera accedido, tú no habrías tenido nada que objetar alrespecto.-¿Y tú crees que eso me hubiera impedido matarle? -insistió él, meneando lacabeza.Milisant empezó a comprender lo que él quería decir.Él la consideraba suyaen cualquier circunstancia.Aunque en el fondo no la quisiera, era suya, y porlo tanto nunca podría casarse con otro, porque él lo consideraría un adulterio.Totalmente ilógico.Profundamente posesivo.No sabía si romper a llorar oecharse a reír histéricamente.No tenía ninguna posibilidad de ganar.Nuncahabía tenido la menor posibilidad de escapar.De pronto recordó su desagradable encuentro con Juan sin Tierra.Un reypodía lograr que hasta los hombres más poderosos se doblegaran a suvoluntad.Y Wulfric todavía no sabía que Juan se oponía a su unión.Eso le proporcionaría la excusa que deseaba para no casarse con ella.Si era él quienrompía el compromiso, ya no la consideraría suya.-Todavía no sabes lo que motivó mi huida.Eso lo cambia todo, Wulfric.-Lavaina de la espada y el cinturón de Wulfric se desplomaron sobre el abrigo-.¡Escúchame!-¿Acaso se ha anulado el compromiso?-No, pero.-Entonces no cambia nada.-¡Que sí, que te estoy diciendo que sí! El rey se ha pronunciado.Está encontra de nuestra unión.Es la excusa perfecta que necesitabas para romper elcompromiso.Sólo tenemos que decírselo a nuestros padres.-Ni en caso de que te creyera, muchacha, y no te creo, eso cambiaría lascosas.Juan ha aprobado públicamente nuestra unión.-¡Te estoy diciendo la verdad!-Entonces déjame que aún sea más claro respecto a por qué su opinión notiene ninguna importancia.Lo que Juan quiera no tiene ninguna validez amenos que lo admita y eso, ni lo ha hecho ni parece que vaya a hacerlo.Asíque vamos a aseguramos, aquí y ahora, de que sepas a quién perteneces,para que no intentes negarlo de nuevo.Ya estamos unidos por contrato.Sellémoslo pues esta noche.-Y, mientras se lo decía, la empujó hacia la camay se tumbó junto a ella.Ella no entendía por qué él no había pegado saltos de alegría cuando le diola excusa perfecta para no casarse con ella.Quizá porque en ese momentoestaba muy enfadado y no atendía a razones.Fue su ira la que la hizo gritar, desesperada:-¡No, Wulfric, no lo hagas! No intentaré escapar de nuevo.¡Me casarécontigo, lo juro!, Pero no me tomes así, enfadado.Había lágrimas en sus ojos.Estaba tan asustada que ni siquiera se diocuenta de que estaba llorando.Las lágrimas de ella apaciguaron a Wulfric [ Pobierz caÅ‚ość w formacie PDF ]

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